domingo, 1 de septiembre de 2013

Capítulo I

Como cada mañana Él (así denominaban a nuestro héroe puesto que nadie conocía su nombre) se levantó de su confortable cama con la mejor de las sonrisas dispuesto a salir a la calle a contribuir a desarrollar una sociedad más justa. Lo primero que hacía era abrir cada ventana de su casa para poder así oír lo que sucedía en la calle. La primera parte de su día era siempre la misma, concentrarse en cada murmullo hasta notar si algo malo iba a parar. Uno de sus poderes consistía en el don de la premonición a partir de los murmullos que cada persona soltaba por sus labios. Era capaz de percibir cosas dos o incluso más días antes de que pasaran. Os preguntaréis si era capaz de percibir acontecimientos de esa forma de lugares lejanos ¿no?.. bueno, la respuesta era que… sí. Gracias a la sociedad de las telecomunicaciones Él era capaz de sentir lo que iba a pasar en cada parte del mundo ya que todo el mundo estaba interrelacionado. Obviamente para esta tarea no era aconsejable el que hubiera ruidos.
El caso es que prácticamente todas las mañanas la vecina del piso de arriba pasaba la aspiradora. Lógicamente este hecho perturbaba a nuestro compañero de viaje a unos niveles que la especie humana nunca tuvo, tiene ni tendrá las capacidades intelectuales necesarias como para hacerse una idea al respecto. Esta mañana en particular, la vecina pasaba la aspiradora con más ahínco que otros días. Por el ruido que bajaba del piso superior cualquiera pensaría que había una manada de ñus correteando por el pasillo. Él sabía lo que ocurría; además de pasar la aspiradora también tenia puesta la secadora y la lavadora y sus hijos se estaban pegando.

El caso es que, tras intentar ignorar los gritos, nuestro amable protagonista decidió subir a pedir educadamente un poco de silencio.
Mientras subía iba planeando qué acciones llevaría a cabo ese largo día. Pero lo que ocurriría ese día es un tema para más adelante. El largo pasillo que separa su puerta de las escaleras, le era poco conocido, ya que siempre salía por la ventana volando o usaba su poder de teletransportarse. Se sentía fuera de lugar en aquel oscuro pasillo iluminado por alguna que otra luz de emergencia. Un pensamiento rápido y contundente como un rayo pasó por la cabeza de Él <<si soy un héroe por todos amado, ¿por qué vivo entre gente normal y no en una gran mansión?>>. Este pensamiento erizó los cabellos de nuestro protagonista ya que nunca había pensado egoístamente. Pero tan rápido como este pensamiento vino, desapareció en las profundidades de su sesuda cabeza. Pero las consecuencias de este pensamiento quedarían marcadas a fuego en él.
Cuando se quiso dar cuenta ya estaba llamando a la puerta de la vecina. Al poder escuchar los pensamientos nada más llamar “escucho” pensar a la vecina:
<<¿Quién cojones será a estas horas? Me cago en San Dios, ¿no tendrán otra hora para venir a molestar? >> (Utilizaré “<<>>” cuando nuestro entrañable amigo lea pensamientos, espero no causar molestias).
Él ya estaba acostumbrado a estos pensamientos, para él la sociedad era una maleducada que blasfemaba contra cualquier cosa que se moviera. Aun así entendía que hablaran de esa forma debido a la gran cantidad de problemas que tenían.
Cuando la vecina en cuestión abrió la puerta tenía cara de mala ostia, pero al ver quién estaba al otro lado del umbral de su puerta abrió los ojos de par en par y sosegó su rostro a la vez que enrojecía debido a que aún llevaba el pijama. Carla, que así se llama la joven, era una guapa chica de pelo de color dorado y llevaba un peinado a lo afro muy llamativo. A Él el peinado de esta chica no le hacía gracia, pero sus ojos no podían apartarse de sus curvas. Aun habiendo tenido 2 hijos era hermosa. Nuestro entrañable héroe se vio sorprendido mirando el escote de Carla y esta al darse cuenta se sonrojó, pues Él era un joven, si en verdad era joven, ya que nadie sabía su edad, muy atractivo.
<<buah, buah, ¿¿¿¿me ha mirado el escote???? ¡¡¡Muero!!! >> pensaba Carla, lo que hizo la situación aun más tensa.
-Hola, aún no sé tu nombre... – dijo Carla
-¿Nombre? No es más que una manera que los necios tienen para describir a una persona cuando no la conocen… -Dijo Él con su voz aterciopelada y esta frase dejó a Carla descolocada.
<<Este tío es subnormal… ¿Qué cojones habrá dicho? se creerá importante por ser un héroe… A mí no vino a ayudarme cuando tuve a mis dos hijos el cabrón este…>> pensaba Carla mientras miraba hacia el móvil.
-Oooooh… sabías palabras. ¿Querías algo? – dijo nuestra amiga con tono sarcástico
- Sí, estaba intentando concentrarme en mis cosas y el ruido proveniente de tu casa me desconcentró… - dijo nuestro héroe esta frase sin ganas y sin apenas énfasis.
-Oooooh perdóneme ¿necesita silencio el caballero? ¡¡Tira para el monte a meditar, yo tengo cosas que hacer como mantener a dos niños como para preocuparme si le molesto!!- No hace falta transcribir lo que pensaba Carla.
-No lo entiendes, mi apuesta vecina, necesito tranquilidad para poder llevar a cabo las acciones necesarias para salvaguardar la paz en el mundo. – Dijo Él con una amabilidad que sorprendió a Carla.
<<Si necesita silencio que se vaya, y no me toque la moral.>>
Este pensamiento unido a lo que se oía desde la tele en la cual un viejo borracho rodeado de unos jóvenes vestidos de blanco decía algo así, creo recordar, como que: “…ya no hay libertad en este cochino mundo, el hombre camina por la Luna y da vueltas alrededor de la Tierra y aquí abajo no respeta ni la ley ni el orden...” hizo que a nuestro héroe se le pasara por la cabeza un pensamiento muy simple: matar a Carla. Él no podía entender como una persona podría ser tan egoísta, ya que si Carla hacía ruido esto conllevaba que nuestro héroe no pudiera pensar, y si no pensaba con claridad mucha gente podría sufrir. Para él el único sentido que tenía su vida era ayudar a los demás; si este objetivo se veía truncado, su vida no tendría sentido. Pero su moral no le permitía eliminar a esa persona, pues directamente no había hecho mal alguno. Pero algo en su interior le decía que esa persona era un obstáculo para el fin mayor que era el de proteger a las demás personas.
Cientos de preguntas se le venían a la cabeza. Estaba sumergido en un oscuro mar, sin salida. Él nunca había pensado de esta forma. Esta situación le ponía nervioso, era una nueva situación para él. Decidió entonces marcharse para su casa y seguir con lo suyo. Se despidieron de una manera bastante fría y sin dirigirse apenas palabra alguna. Mientras se dirigía a su piso iba pensando en qué acciones llevaría a cabo ese día, aún era pronto y normalmente a estas horas ya había empezado con sus labores.
Siempre las realizaba del mismo modo: por la mañana hacía las que más cercanas fueran y posteriormente se iba alejando hasta que cayera la noche. Aunque pareciera imposible cada día era capaz de salvar a todas las personas que aparecían en sus premoniciones.
Él seguía cavilando cuando llegó a su casa. Como antes de salir a ver a Carla, se sentó cómodamente e intentó concentrarse. Pero no podía, el ruido ahora era aún más ensordecedor que el de antes. Pero ahora ya no eran ruidos fortuitos como una aspiradora o una lavadora, sino que ahora era la música lo que perturbaba la paz de nuestro compañero. Sabía que la música y los demás ruidos eran para molestar… lo leía en la mente de Carla.
Y entonces tuvo una visión, sabía que tenía que concentrarse en la visión para saber donde actuar. La visión era clara: un hombre asesinando a una mujer. Una visión, por lástima, queridos amigos, muy normal, pero que gracias a él ya nunca se realizaban. Un repaso mental a la visión dejó a nuestro héroe con el corazón helado. Y la visión no era para menos, amigos. En ella se veía cómo Carla era brutalmente asesinada en la puerta de su casa. No había mucho tiempo para actuar. Pronto se puso en marcha, sabía el lugar y la fecha. La fecha era en el mismo día en el que estaba.
Normalmente Él no estaba nervioso antes de llevar acabo un acto heroico. Siempre era el mismo modus operandi, primero llamaba a la policía y avisaba de dónde y cuándo iba a suceder y luego él mismo iba a por el agresor. Hoy tenía una sensación extraña, esa sensación que solo tenía cuando algo realmente malo iba a ocurrir. Otro de los poderes de Él era que cuando algo malo iba a suceder una extraña sensación le invadía y dependiendo de cómo fuera esa sensación sabia si lo que iba a ocurrir era malo o muy malo. Y hoy tenía un presentimiento de que algo realmente malo iba a pasar.
Mientras os explicaba esto, nuestro héroe ya había llamado a la policía y estaba ya en la puerta de la casa de Carla. Misteriosamente y sin saber muy bien el porqué llamó a la puerta de la casa de Carla. Nunca llamaba a las puertas, siempre entraba gracias a su poder de atravesar paredes; pero ese día no lo hizo así. Esto descolocó aún más a Él ya que no sabía por qué había actuado así.
Fueron unos golpes secos en la puerta, parecía que llamaba sin ganas. Desde el otro lado de la puerta, Carla barría tranquilamente la cocina; le pareció que habían llamado a la puerta pero no estaba segura. << Si quieren algo, ya volverán a llamar>> seguía tranquilamente con su faena cuando de repente apareció ante ella una figura de un hombre. Carla se quedó perpleja, no podía verle la cara, ya que estaba en el pasillo y allí, no había suficiente iluminación.
-¿Qui... quii. ¿Quién eres?.... ¿Qué haces en mi casa?- dijo Carla asustada pero con un gran valor – sal de aquí ya, ¡¡o llamo a la policía!!
- ¿Policía? No los llames. Ya están de camino… - dijo la misteriosa persona con un tono calmado desde el pasillo. – No tengas miedo Carla…
Mientras el extraño personaje decía estas misteriosas palabras, en un acto impulsivo agarró lo primero que sus manos pudieron tocar. Sus manos temblaban y sudaban como nunca lo habían hecho. Agarró algo pesado y contundente y, sin pensárselo dos veces, se lo lanzó al intruso. Un instante después, el objeto, una cafetera para ser más exactos, casi se estampa en la cara del intruso.
Nuestro héroe no comprendía por qué Carla le había lanzado esa cafetera.
Sólo vengo a salvarte. – Dijo Él saliendo de la oscuridad del pasillo. – Reitero Carla, no tienes por qué tener miedo.
El corazón de Carla estaba sobrerrevolucionado debido a la adrenalina soltada en la acción anterior. Pero al ver a quien casi agrede el corazón se le paró. Podía sentir cómo la sangre se le trababa en el corazón. Cuando se quiso dar cuenta la cabeza le daba vueltas, pues también había dejado de respirar. Justo antes de caer al suelo las delicadas manos de nuestro héroe la recogieron.

El simple contacto con las manos de nuestro héroe sirvió para que Carla reaccionara y pudiera salir de su estado de shock. Pero la simple idea de que Él estuviera en su casa hacía que estuviera peor. Había oído cientos de veces lo que significaba que Él se presentara de repente a alguien. Eso sólo significaba una casa: algo malo iba a ocurrir y el héroe venia a solucionarlo.
Siempre llegaba antes de que pasara algo malo. Siempre iba a buscar a la víctima y la llevaba a lugar seguro, y posteriormente la policía se encargaba del infractor. Siempre el mismo modus operandi, siempre.
A Carla no le salían las palabras de la boca. No le cabía en la cabeza que algo malo le pudiera pasar a ella. Esa idea la perturbaba y a la vez se sentía reconfortada, pues sabía que sería salvada, Él nunca fallaba.
<< Dios, Dios, Dios, Dios,… ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?...>> era lo único que Él podía alcanzar a leer en la mente de la desdichada mujer.
-Ya ha pasado todo, tranquila, la policía ya viene y en seguida podrás seguir limpiando, pero por lo que veo no se te da bien tu único oficio. – Dijo nuestro héroe algo irritado.
Esa frase que acaba de soltar cayó como cae un viejo árbol en un bosque, en silencio tal vez pero con una contundencia que no hay palabras para describirla. Solo fueron quince palabras, pero a Carla le parecieron que le habían caído todas las palabras de una vieja enciclopedia encima. Esa frase hizo que en la cabeza de Carla se soltara un cable. Estaba muy enojada con ese último comentario de Él.
<< Pero, ¿de qué va este tío? O sea, ¿se piensa que soy inferior a él o algo? Mi vida no se basa en limpiar, tengo mi trabajo>> Pensaba Carla mientras aún daba vueltas a lo que acaba de escuchar.
-¿pero de qué vas? ¿¡Cómo te atreves a entrar a mi casa y menospreciarme de esa forma?!- dijo Carla, más que decir gritó.
- ¿Por qué te enfadas? ¿Acaso he mentido? Lo único que sabes hacer es limpiar y no es que lo hagas bien. - Dijo nuestro amigo mientras miraba con sus agudos ojos la cocina de Carla.
La casa de Carla está impoluta, al contrario de lo que pensaba nuestro héroe. Para Él cualquier acción que no se hiciera en el más absoluto silencio no estaba bien hecha. La única excepción era la música, la música clásica. Todo lo demás que perturbara el silencio, no era perfecto. Él era perfecto, pues hacía cada acción en el más absoluto silencio.
-Salte de mi casa, por favor. Salte ahora mismo. Me da igual que vengas a salvarme, no veo más peligro que las palabras que salen de tu boca. - Decía Carla, mientras su tono de voz iba aumentando. En su vida se había sentido mas indignada. Tenía ganas de gritar, de gritarle a nuestro héroe, y echarle de su casa.
Nuestro héroe oyó las palabras de Carla, las cueles le desanimaron, y se disponía a hacer lo que ella le decía. Sin darse cuenta Él se vio intentando abrir la puerta de la cas de Carla, pero no sabía abrirla. Intento abrirla a la una ultima vez, no consiguió abrirla. Entonces, no se muy bien como fue realmente lo que paso; proveniente del salón venia una música atroz para muestro héroe. Esa música no era le era conocida… no era ni Mozart ni Vivaldi. Pero lo que escuchaba le transmitía unos sentimientos asta ahora desconocidos para su persona. La música que sonaba desde un viejo equipo de música era heavy, heavy metal. Mas en concreto he de deciros que lo que sonaba era Slayer. El ritmo acelerado crispo aun mas a nuestro héroe. Además, podía leer en la mente de Carla como esta se reía de él.
Por última vez intento abrir la puerta, pero no pudo. Entonces cogió el aspirador que estaba al lado de la puerta y lo utilizó a modo de maza para derribar la puerta. Al ver como cedía la puerta nuestro compañero de viaja se sintió complacido. Justo cuando se disponía a salir al pasillo oyó como Carla le gritaba desde de la puerta.
-¿¿Tú eres bobo o como va esto?? ¡¡Por que seas un puto héroe no tienes derecho a entrar en mi casa como si nada!! Imbécil de mierda… - dijo Carla entre además de una gran retahíla de palabras mal sonantes.
- Sí soy un héroe, tú héroe y el de todo el mundo… solo venia a salvarte, pero parece que no quieres ser salvada. Ya he perdido mucho tiempo contigo, espero que por esta pérdida de tiempo ninguna persona que merezca ser salvada haya muerto. Buenos días – dijo Él desde el otro lado de la puerta.
- ¡Me importa una mierda el resto del mundo, puto perturbado de mierda! – dijo totalmente fuera de si Carla.
Lo que siguió a esto fue todo muy confuso. Lo que me contaron fue esto, pero quién sabe si fue realidad. La música seguía sonando, pero ahora parecía que el volumen había sido subido. También se daba la posibilidad de que nuestro héroe ahora en vez de oír la música la escuchara. El caso es que la canción que estaba sonando no era otra que “sex. Murder. Art.” de Slayer.
La canción, si os fijáis en el título, deja bien claro cual de que trata. El inicio de la canción, con ese inicio característico de Slayer, la letra directa y la situación en la que Él estaba se convirtieron en los ingredientes de un poderoso coctel…
Nuestro héroe quedo asombrado, tantos años como llevaba realizando actos heroicos nunca le había pasado esto. Siempre y sin excepción las visiones solo las tenia una vez y además estás nunca eran tan nítidas como la que tenia ahora. En la visión que estaba teniendo se veía como claramente un hombre, al cual no se le veía el rostro, estaba matando a golpes con un contundente objeto a Carla. Se dio cuenta de que el objeto era la aspiradora con la que había abierto hace unos momentos la puerta de casa de Carla.
Cuando volvió en si, se dio cuenta de que estaba mojado. Cerro los ojos unos instantes, volvió a abrirlos. Efectivamente estaba mojado pero no era agua, como esperaba. Era sangre, la sangre de un cadáver que estaba descuartizado enfrente a él y que le miraba con unos ojos profundos ojos, ojos que ya no veían nada, pero permanecían infinitamente abiertos.

<<No puede ser, no puede ser, no puede ser… >> Se repetía una y otra vez. Pero había dentro de él una gran paz. Se sentía aliviado. Ese sentimiento le alivio le invadió e hizo retroceder al de culpabilidad a lo más hondo de ser. Tan pronto como ese sentimiento de culpabilidad comenzó a desaparecer volvió.
Era un héroe y su destino en la vida era salvar vidas. Hoy había quitado una vida. ¿Era realmente un héroe? Si hoy había fallado en su acción, ¿había fallado otros días? ¿Tenía sentido su vida ahora que había traicionado aquello por lo que luchaba: salvar vidas? Estas y otras preguntas pasaban por la cabeza de Él. Tenia que reaccionar rápido, antes de que la policía llegara. No sabía donde huir, que hacer y aun menos que haría con el cadáver. Lo más sensato, pensaba para si, era marchar lejos.
Pero mientras pensaba que hacer apareció la policía. El corazón de nuestro héroe se paro al instante. Un frio intenso, semejante al que hacia en la comunión de articuno, invadió cada centímetro cuadrado del cuerpo de nuestro protagonista.
Seria muy largo poner todo lo que se habló con los policías aquella mañana. El caso es que, al tratarse de Él, le perdonaron. “Muchas vidas has salvado, todos cometemos errores.” Decían unos. Otros en cambio por miedo a nuestro héroe no decían nada. Él no había abierto la boca más que para algún que otro “lo siento” y algún “yo no quería.” La idea de ser absuelto por el simple hecho ser un héroe. Como es lógico este pensamiento inundaba la olla que era la cabeza de Él.
Así queridos amigos es como acaba la mañana más difícil de nuestro protagonista, pero aun le queda un largo día por delante. Esto solo ha sido el comienzo.
FIN


introducción

¿Cómo comenzar esta historia? ¿Como contaros algo que ignoráis? ¿A caso importa que conozcáis lo que aconteció un día ? Lo más lógico y apropiado seria contarla desde el comienzo. Pero vallamos a la historia en si que nos dan las uvas y no hemos comenzado a describir lo que hace no mucho tiempo ocurrió en un lugar no muy diferente al que tú o tal vez tú estáis ahora leyendo lo que un humilde servidor os narra. Esta historia llego a mis oídos y me pareció importante transcribirla, para que no cayera en el olvido.
En una acomodada casa en la ciudad mas rica de un país vivía en héroe, un gran héroe. No sólo tenia unos poderes inimaginables, si no que además era noble como el que mas; justo a la par que severo; servicial y leal. En resumidas cuentas era una persona perfecta. Contaba con el cariño no solo de su ciudad, sino del mundo ya que en muchas ocasiones saco a mas de una nación de algún buen lio. Era un tipo al que no le gustaban las compañías… ¿o si? Bueno ese es un tema que más adelante se comentará. Cada vez que hacia algún apto heroico, lo primero que hacia al llegar a casa era escuchar una dosis de su amada música clásica (Mozart, Beethoven, Vivaldi etc. etc...)De vez en cuando se le veía por grandes museos y mas raramente acudía a algún concierto de música clásica; y en contadas ocasiones a la opera. En sus pocos ratos cuando estaba en casa y no escucha música clásica releía sus viejos libros de Niezsche, Platón o Aristóteles entre otros tantos.