Como cada mañana Él
(así denominaban a nuestro héroe puesto que nadie conocía su
nombre) se levantó de su confortable cama con la mejor de las
sonrisas dispuesto a salir a la calle a contribuir a desarrollar una
sociedad más justa. Lo primero que hacía era abrir cada ventana de
su casa para poder así oír lo que sucedía en la calle. La primera
parte de su día era siempre la misma, concentrarse en cada murmullo
hasta notar si algo malo iba a parar. Uno de sus poderes consistía
en el don de la premonición a partir de los murmullos que cada
persona soltaba por sus labios. Era capaz de percibir cosas dos o
incluso más días antes de que pasaran. Os preguntaréis si era
capaz de percibir acontecimientos de esa forma de lugares lejanos
¿no?.. bueno, la respuesta era que… sí. Gracias a la sociedad de
las telecomunicaciones Él era capaz de sentir lo que iba a pasar en
cada parte del mundo ya que todo el mundo estaba interrelacionado.
Obviamente para esta tarea no era aconsejable el que hubiera ruidos.
El caso es que
prácticamente todas las mañanas la vecina del piso de arriba pasaba
la aspiradora. Lógicamente este hecho perturbaba a nuestro compañero
de viaje a unos niveles que la especie humana nunca tuvo, tiene ni
tendrá las capacidades intelectuales necesarias como para hacerse
una idea al respecto. Esta mañana en particular, la vecina pasaba la
aspiradora con más ahínco que otros días. Por el ruido que bajaba
del piso superior cualquiera pensaría que había una manada de ñus
correteando por el pasillo. Él sabía lo que ocurría; además de
pasar la aspiradora también tenia puesta la secadora y la lavadora y
sus hijos se estaban pegando.
El caso es que, tras
intentar ignorar los gritos, nuestro amable protagonista decidió
subir a pedir educadamente un poco de silencio.
Mientras subía iba
planeando qué acciones llevaría a cabo ese largo día. Pero lo que
ocurriría ese día es un tema para más adelante. El largo pasillo
que separa su puerta de las escaleras, le era poco conocido, ya que
siempre salía por la ventana volando o usaba su poder de
teletransportarse. Se sentía fuera de lugar en aquel oscuro pasillo
iluminado por alguna que otra luz de emergencia. Un pensamiento
rápido y contundente como un rayo pasó por la cabeza de Él <<si
soy un héroe por todos amado, ¿por qué vivo entre gente normal y
no en una gran mansión?>>. Este pensamiento erizó los
cabellos de nuestro protagonista ya que nunca había pensado
egoístamente. Pero tan rápido como este pensamiento vino,
desapareció en las profundidades de su sesuda cabeza. Pero las
consecuencias de este pensamiento quedarían marcadas a fuego en él.
Cuando se quiso dar
cuenta ya estaba llamando a la puerta de la vecina. Al poder escuchar
los pensamientos nada más llamar “escucho” pensar a la vecina:
<<¿Quién
cojones será a estas horas? Me cago en San Dios, ¿no tendrán otra
hora para venir a molestar? >> (Utilizaré “<<>>”
cuando nuestro entrañable amigo lea pensamientos, espero no causar
molestias).
Él ya estaba
acostumbrado a estos pensamientos, para él la sociedad era una
maleducada que blasfemaba contra cualquier cosa que se moviera. Aun
así entendía que hablaran de esa forma debido a la gran cantidad de
problemas que tenían.
Cuando la vecina en
cuestión abrió la puerta tenía cara de mala ostia, pero al ver
quién estaba al otro lado del umbral de su puerta abrió los ojos de
par en par y sosegó su rostro a la vez que enrojecía debido a que
aún llevaba el pijama. Carla, que así se llama la joven, era una
guapa chica de pelo de color dorado y llevaba un peinado a lo afro
muy llamativo. A Él el peinado de esta chica no le hacía gracia,
pero sus ojos no podían apartarse de sus curvas. Aun habiendo tenido
2 hijos era hermosa. Nuestro entrañable héroe se vio sorprendido
mirando el escote de Carla y esta al darse cuenta se sonrojó, pues
Él era un joven, si en verdad era joven, ya que nadie sabía su
edad, muy atractivo.
<<buah, buah,
¿¿¿¿me ha mirado el escote???? ¡¡¡Muero!!! >> pensaba
Carla, lo que hizo la situación aun más tensa.
-Hola, aún no sé
tu nombre... – dijo Carla
-¿Nombre? No es más
que una manera que los necios tienen para describir a una persona
cuando no la conocen… -Dijo Él con su voz aterciopelada y esta
frase dejó a Carla descolocada.
<<Este tío es
subnormal… ¿Qué cojones habrá dicho? se creerá importante por
ser un héroe… A mí no vino a ayudarme cuando tuve a mis dos hijos
el cabrón este…>> pensaba Carla mientras miraba hacia el
móvil.
-Oooooh… sabías
palabras. ¿Querías algo? – dijo nuestra amiga con tono sarcástico
- Sí, estaba
intentando concentrarme en mis cosas y el ruido proveniente de tu
casa me desconcentró… - dijo nuestro héroe esta frase sin ganas y
sin apenas énfasis.
-Oooooh perdóneme
¿necesita silencio el caballero? ¡¡Tira para el monte a meditar,
yo tengo cosas que hacer como mantener a dos niños como para
preocuparme si le molesto!!- No hace falta transcribir lo que pensaba
Carla.
-No lo entiendes, mi
apuesta vecina, necesito tranquilidad para poder llevar a cabo las
acciones necesarias para salvaguardar la paz en el mundo. – Dijo Él
con una amabilidad que sorprendió a Carla.
<<Si necesita
silencio que se vaya, y no me toque la moral.>>
Este pensamiento
unido a lo que se oía desde la tele en la cual un viejo borracho
rodeado de unos jóvenes vestidos de blanco decía algo así, creo
recordar, como que: “…ya no hay libertad en este cochino mundo,
el hombre camina por la Luna y da vueltas alrededor de la Tierra y
aquí abajo no respeta ni la ley ni el orden...” hizo que a nuestro
héroe se le pasara por la cabeza un pensamiento muy simple: matar a
Carla. Él no podía entender como una persona podría ser tan
egoísta, ya que si Carla hacía ruido esto conllevaba que nuestro
héroe no pudiera pensar, y si no pensaba con claridad mucha gente
podría sufrir. Para él el único sentido que tenía su vida era
ayudar a los demás; si este objetivo se veía truncado, su vida no
tendría sentido. Pero su moral no le permitía eliminar a esa
persona, pues directamente no había hecho mal alguno. Pero algo en
su interior le decía que esa persona era un obstáculo para el fin
mayor que era el de proteger a las demás personas.
Cientos de preguntas
se le venían a la cabeza. Estaba sumergido en un oscuro mar, sin
salida. Él nunca había pensado de esta forma. Esta situación le
ponía nervioso, era una nueva situación para él. Decidió entonces
marcharse para su casa y seguir con lo suyo. Se despidieron de una
manera bastante fría y sin dirigirse apenas palabra alguna. Mientras
se dirigía a su piso iba pensando en qué acciones llevaría a cabo
ese día, aún era pronto y normalmente a estas horas ya había
empezado con sus labores.
Siempre las
realizaba del mismo modo: por la mañana hacía las que más cercanas
fueran y posteriormente se iba alejando hasta que cayera la noche.
Aunque pareciera imposible cada día era capaz de salvar a todas las
personas que aparecían en sus premoniciones.
Él seguía
cavilando cuando llegó a su casa. Como antes de salir a ver a Carla,
se sentó cómodamente e intentó concentrarse. Pero no podía, el
ruido ahora era aún más ensordecedor que el de antes. Pero ahora ya
no eran ruidos fortuitos como una aspiradora o una lavadora, sino que
ahora era la música lo que perturbaba la paz de nuestro compañero.
Sabía que la música y los demás ruidos eran para molestar… lo
leía en la mente de Carla.
Y entonces tuvo una
visión, sabía que tenía que concentrarse en la visión para saber
donde actuar. La visión era clara: un hombre asesinando a una mujer.
Una visión, por lástima, queridos amigos, muy normal, pero que
gracias a él ya nunca se realizaban. Un repaso mental a la visión
dejó a nuestro héroe con el corazón helado. Y la visión no era
para menos, amigos. En ella se veía cómo Carla era brutalmente
asesinada en la puerta de su casa. No había mucho tiempo para
actuar. Pronto se puso en marcha, sabía el lugar y la fecha. La
fecha era en el mismo día en el que estaba.
Normalmente Él no
estaba nervioso antes de llevar acabo un acto heroico. Siempre era el
mismo modus operandi, primero llamaba a la policía y avisaba
de dónde y cuándo iba a suceder y luego él mismo iba a por el
agresor. Hoy tenía una sensación extraña, esa sensación que solo
tenía cuando algo realmente malo iba a ocurrir. Otro de los poderes
de Él era que cuando algo malo iba a suceder una extraña sensación
le invadía y dependiendo de cómo fuera esa sensación sabia si lo
que iba a ocurrir era malo o muy malo. Y hoy tenía un presentimiento
de que algo realmente malo iba a pasar.
Mientras os
explicaba esto, nuestro héroe ya había llamado a la policía y
estaba ya en la puerta de la casa de Carla. Misteriosamente y sin
saber muy bien el porqué llamó a la puerta de la casa de Carla.
Nunca llamaba a las puertas, siempre entraba gracias a su poder de
atravesar paredes; pero ese día no lo hizo así. Esto descolocó aún
más a Él ya que no sabía por qué había actuado así.
Fueron unos golpes
secos en la puerta, parecía que llamaba sin ganas. Desde el otro
lado de la puerta, Carla barría tranquilamente la cocina; le pareció
que habían llamado a la puerta pero no estaba segura. << Si
quieren algo, ya volverán a llamar>> seguía tranquilamente
con su faena cuando de repente apareció ante ella una figura de un
hombre. Carla se quedó perpleja, no podía verle la cara, ya que
estaba en el pasillo y allí, no había suficiente iluminación.
-¿Qui... quii.
¿Quién eres?.... ¿Qué haces en mi casa?- dijo Carla asustada pero
con un gran valor – sal de aquí ya, ¡¡o llamo a la policía!!
- ¿Policía? No los
llames. Ya están de camino… - dijo la misteriosa persona con un
tono calmado desde el pasillo. – No tengas miedo Carla…
Mientras el extraño
personaje decía estas misteriosas palabras, en un acto impulsivo
agarró lo primero que sus manos pudieron tocar. Sus manos temblaban
y sudaban como nunca lo habían hecho. Agarró algo pesado y
contundente y, sin pensárselo dos veces, se lo lanzó al intruso. Un
instante después, el objeto, una cafetera para ser más exactos,
casi se estampa en la cara del intruso.
Nuestro héroe no
comprendía por qué Carla le había lanzado esa cafetera.
–Sólo vengo a
salvarte. – Dijo Él saliendo de la oscuridad del pasillo. –
Reitero Carla, no tienes por qué tener miedo.
El corazón de Carla
estaba sobrerrevolucionado debido a la adrenalina soltada en la
acción anterior. Pero al ver a quien casi agrede el corazón se le
paró. Podía sentir cómo la sangre se le trababa en el corazón.
Cuando se quiso dar cuenta la cabeza le daba vueltas, pues también
había dejado de respirar. Justo antes de caer al suelo las delicadas
manos de nuestro héroe la recogieron.
El simple contacto
con las manos de nuestro héroe sirvió para que Carla reaccionara y
pudiera salir de su estado de shock. Pero la simple idea de que Él
estuviera en su casa hacía que estuviera peor. Había oído cientos
de veces lo que significaba que Él se presentara de repente a
alguien. Eso sólo significaba una casa: algo malo iba a ocurrir y el
héroe venia a solucionarlo.
Siempre llegaba
antes de que pasara algo malo. Siempre iba a buscar a la víctima y
la llevaba a lugar seguro, y posteriormente la policía se encargaba
del infractor. Siempre el mismo modus operandi, siempre.
A Carla no le salían
las palabras de la boca. No le cabía en la cabeza que algo malo le
pudiera pasar a ella. Esa idea la perturbaba y a la vez se sentía
reconfortada, pues sabía que sería salvada, Él nunca fallaba.
<< Dios, Dios,
Dios, Dios,… ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho?...>> era lo
único que Él podía alcanzar a leer en la mente de la desdichada
mujer.
-Ya ha pasado todo,
tranquila, la policía ya viene y en seguida podrás seguir
limpiando, pero por lo que veo no se te da bien tu único oficio. –
Dijo nuestro héroe algo irritado.
Esa frase que acaba
de soltar cayó como cae un viejo árbol en un bosque, en silencio
tal vez pero con una contundencia que no hay palabras para
describirla. Solo fueron quince palabras, pero a Carla le parecieron
que le habían caído todas las palabras de una vieja enciclopedia
encima. Esa frase hizo que en la cabeza de Carla se soltara un cable.
Estaba muy enojada con ese último comentario de Él.
<< Pero, ¿de
qué va este tío? O sea, ¿se piensa que soy inferior a él o algo?
Mi vida no se basa en limpiar, tengo mi trabajo>> Pensaba Carla
mientras aún daba vueltas a lo que acaba de escuchar.
-¿pero de qué vas?
¿¡Cómo te atreves a entrar a mi casa y menospreciarme de esa
forma?!- dijo Carla, más que decir gritó.
- ¿Por qué te
enfadas? ¿Acaso he mentido? Lo único que sabes hacer es limpiar y
no es que lo hagas bien. - Dijo nuestro amigo mientras miraba con sus
agudos ojos la cocina de Carla.
La casa de Carla
está impoluta, al contrario de lo que pensaba nuestro héroe. Para
Él cualquier acción que no se hiciera en el más absoluto silencio
no estaba bien hecha. La única excepción era la música, la música
clásica. Todo lo demás que perturbara el silencio, no era perfecto.
Él era perfecto, pues hacía cada acción en el más absoluto
silencio.
-Salte de mi casa,
por favor. Salte ahora mismo. Me da igual que vengas a salvarme, no
veo más peligro que las palabras que salen de tu boca. - Decía
Carla, mientras su tono de voz iba aumentando. En su vida se había
sentido mas indignada. Tenía ganas de gritar, de gritarle a nuestro
héroe, y echarle de su casa.
Nuestro héroe oyó
las palabras de Carla, las cueles le desanimaron, y se disponía a
hacer lo que ella le decía. Sin darse cuenta Él se vio intentando
abrir la puerta de la cas de Carla, pero no sabía abrirla. Intento
abrirla a la una ultima vez, no consiguió abrirla. Entonces, no se
muy bien como fue realmente lo que paso; proveniente del salón venia
una música atroz para muestro héroe. Esa música no era le era
conocida… no era ni Mozart ni Vivaldi. Pero lo que escuchaba le
transmitía unos sentimientos asta ahora desconocidos para su
persona. La música que sonaba desde un viejo equipo de música era
heavy, heavy metal. Mas en concreto he de deciros que lo que sonaba
era Slayer. El ritmo acelerado crispo aun mas a nuestro héroe.
Además, podía leer en la mente de Carla como esta se reía de él.
Por última vez
intento abrir la puerta, pero no pudo. Entonces cogió el aspirador
que estaba al lado de la puerta y lo utilizó a modo de maza para
derribar la puerta. Al ver como cedía la puerta nuestro compañero
de viaja se sintió complacido. Justo cuando se disponía a salir al
pasillo oyó como Carla le gritaba desde de la puerta.
-¿¿Tú eres bobo o
como va esto?? ¡¡Por que seas un puto héroe no tienes derecho a
entrar en mi casa como si nada!! Imbécil de mierda… - dijo Carla
entre además de una gran retahíla de palabras mal sonantes.
- Sí soy un héroe,
tú héroe y el de todo el mundo… solo venia a salvarte, pero
parece que no quieres ser salvada. Ya he perdido mucho tiempo
contigo, espero que por esta pérdida de tiempo ninguna persona que
merezca ser salvada haya muerto. Buenos días – dijo Él desde el
otro lado de la puerta.
- ¡Me importa una
mierda el resto del mundo, puto perturbado de mierda! – dijo
totalmente fuera de si Carla.
Lo que siguió a
esto fue todo muy confuso. Lo que me contaron fue esto, pero quién
sabe si fue realidad. La música seguía sonando, pero ahora parecía
que el volumen había sido subido. También se daba la posibilidad de
que nuestro héroe ahora en vez de oír la música la escuchara. El
caso es que la canción que estaba sonando no era otra que “sex.
Murder. Art.” de Slayer.
La canción, si os
fijáis en el título, deja bien claro cual de que trata. El inicio
de la canción, con ese inicio característico de Slayer, la
letra directa y la situación en la que Él estaba se convirtieron en
los ingredientes de un poderoso coctel…
Nuestro héroe quedo
asombrado, tantos años como llevaba realizando actos heroicos nunca
le había pasado esto. Siempre y sin excepción las visiones solo las
tenia una vez y además estás nunca eran tan nítidas como la que
tenia ahora. En la visión que estaba teniendo se veía como
claramente un hombre, al cual no se le veía el rostro, estaba
matando a golpes con un contundente objeto a Carla. Se dio cuenta de
que el objeto era la aspiradora con la que había abierto hace unos
momentos la puerta de casa de Carla.
Cuando volvió en
si, se dio cuenta de que estaba mojado. Cerro los ojos unos
instantes, volvió a abrirlos. Efectivamente estaba mojado pero no
era agua, como esperaba. Era sangre, la sangre de un cadáver que
estaba descuartizado enfrente a él y que le miraba con unos ojos
profundos ojos, ojos que ya no veían nada, pero permanecían
infinitamente abiertos.
<<No puede
ser, no puede ser, no puede ser… >> Se repetía una y otra
vez. Pero había dentro de él una gran paz. Se sentía aliviado. Ese
sentimiento le alivio le invadió e hizo retroceder al de
culpabilidad a lo más hondo de ser. Tan pronto como ese sentimiento
de culpabilidad comenzó a desaparecer volvió.
Era un héroe y su
destino en la vida era salvar vidas. Hoy había quitado una vida.
¿Era realmente un héroe? Si hoy había fallado en su acción,
¿había fallado otros días? ¿Tenía sentido su vida ahora que
había traicionado aquello por lo que luchaba: salvar vidas? Estas y
otras preguntas pasaban por la cabeza de Él. Tenia que reaccionar
rápido, antes de que la policía llegara. No sabía donde huir, que
hacer y aun menos que haría con el cadáver. Lo más sensato,
pensaba para si, era marchar lejos.
Pero mientras
pensaba que hacer apareció la policía. El corazón de nuestro héroe
se paro al instante. Un frio intenso, semejante al que hacia en la
comunión de articuno, invadió cada centímetro cuadrado del cuerpo
de nuestro protagonista.
Seria muy largo
poner todo lo que se habló con los policías aquella mañana. El
caso es que, al tratarse de Él, le perdonaron. “Muchas vidas has
salvado, todos cometemos errores.” Decían unos. Otros en cambio
por miedo a nuestro héroe no decían nada. Él no había abierto la
boca más que para algún que otro “lo siento” y algún “yo no
quería.” La idea de ser absuelto por el simple hecho ser un héroe.
Como es lógico este pensamiento inundaba la olla que era la cabeza
de Él.
Así queridos amigos
es como acaba la mañana más difícil de nuestro protagonista, pero
aun le queda un largo día por delante. Esto solo ha sido el
comienzo.
FIN
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